Transformar la tristeza en algo dulce y bello

Creo que podría describirme, sin falsa modestia, como una experta de la tristeza. No solo porqué en mi trabajo tengo muchas oportunidades de acompañar la tristeza de otras personas sino porqué esta es una emoción que se me da particularmente bien, tan bien que varias veces en mi vida la he experimentado de una manera muy intensa, lo que a veces se nombra como depresión.

En este largo camino con la tristeza he podido darme cuenta que hay distintas maneras de vivirla y ser afectadx por ella:  algunas maneras son duras y cerradas y otras son tiernas y dulces.

crying

En una de las épocas en las que estaba transitando una tristeza muy grande, me encontré con el libro de Pema Chodron “Cuando todo se derrumba”, este libro fue un gran sostén para aprender a entrar en una nueva relación con mi tristeza. Hasta entonces mi manera de relacionarme con ella era hundirme y perderme en los oscuros remolinos de sus aguas. En aquellos momentos no era capaz de percibir el sustrato de pensamientos que estaba sosteniendo la experiencia de la tristeza.

A través de la meditación, poco a poco, empecé a poder ver estos pensamientos desde una cierta distancia, y me di cuenta que había un relato que se repetía constantemente, algo que decía: “Ya está, estoy condenada a sufrir… nunca podré liberarme… esto estará conmigo para siempre… ¿porqué me ha tocado vivir esto? ¿qué he hecho para merecerlo?.. no es justo…si que es justo, te lo mereces por ser tan…” lo interesante de ver estos pensamientos así de claro era el reconocer que eran pensamientos cerrados, que definían el futuro y lo que pasaría en él, qué me definían a mi y que hacían preguntas que no me llevaban a ningún sitio más allá del “pobre de mi”. Esta manera de vivir la tristeza está caracterizada, en mi experiencia, por la pesadez, la oscuridad y la opresión, pero también por la dureza. La dureza se da cuando paso desde el “pobre de mi” a “alguien tiene la culpa de esto”, o cuando me identifico tanto con la tristeza que ya no quiero ver que hay un atardecer bonito o un amigo que me sonríe. También cuando caigo en culparme a mi misma por sentirme tan mal y ser un peso inútil para al mundo.

Las enseñanzas del Budismo, que Pema Chodron tan hábilmente es capaz de trasmitir en sus libros, nos invitan a tomar otra postura, lo que se llama a veces “sujetar el asiento” o “acercarse al corazón tierno”.

Sujetar el asiento” se refiere a esta postura básica de no huir de la tristeza, o cualquier otra emoción. No huir no significa hundirse en la emoción y darle rienda suelta. Tampoco significa analizar la emoción, explicarla, solucionarla, arreglarla. Sencillamente significa sentarse con ella. significa estar dispuestx a sentirla y descubrirla. Signifíca permitir algo de curiosidad que me haga mirarla como si fuera una obra de arte. Sería empezar a observar la tristeza y permitirme sentir como la siento en el cuerpo, qué imágenes me sugiere, que tonos musicales la acompañan, que poesías se podrían expresar con su voz. Quizás puede parecer algo muy extraño o incluso inútil relacionarse con la tristeza de esta manera, lo que yo he descubierto con la práctica es que así la tristeza se puede convertir en algo dulce y también bello. Con esto no quiero decir que sea agradable. Tampoco quiero negar que esta tristeza nos está llamando a hacer algo que la alivie. Sencillamente quiero decir que al sentarme con ella y permitirme sentirla de esta manera curiosa, algo pasa en mi que la trasmuta.

En la segunda frase “acercarse al corazón tierno” hay una pista hacia esta transmutación. La tristeza, como la rabia, el miedo y otras emociones, están apuntando hacia algo tierno y blando en nuestro corazón. Lo podemos ver muy claramente en lxs niñxs, que todavía no han aprendido a armarse para proteger esta ternura. Hay un lugar de extrema fragilidad y apertura en el corazón humano, algo que nos asusta cuando lo percibimos porqué, supongo, la vida en este mundo parece imposible desde este lugar. Y quizás lo es. A la vez, si nunca nos permitimos visitar este lugar, la vida en este mundo se convierte en algo muy áspero, rígido, cerrado y amargo. El caso es que hemos aprendido a huir de este lugar y construir murallas muy altas a su alrededor, intentando protegernos del sufrimiento que nos evoca. A veces esta estrategia es necesaria. Pero luego vivimos en exilio de nuestro proprio corazón y en lugar de percibir su ternura lo que percibimos es el rencor, la amargura, la desesperanza. Así que parece que hay una cláusula extraña en el contrato de vivir: acercarte al corazón tierno te hará sufrir y huir de ello también.

Para mi hay algo de mucho valor en la decisión de acercarme al corazón tierno, y tiene que ver con esta transmutación de la que hablaba antes. Al acercarme empiezo a conectar con esta fragilidad humana, con estos anhelos de conexión, amor, reconocimiento, seguridad que hacen parte de todos corazones. Empiezo a reconocer la tristeza como la voz que me habla de lo que ocurre cuando estos anhelos no encuentran respuesta. Ya se caen las predicciones sobre el futuro, las acusaciones, los análisis, las explicaciones. Estoy en el momento presente y solo me encuentro con este hecho muy sencillo y fundamental: todxs anhelamos vivir con amor, libertad, seguridad y cuando esto no se da, todxs sufrimos. La tristeza me habla, pero no solo del sufrimiento, sino también de la belleza de este anhelo. La belleza me reblandece, mi tristeza se convierte en un himno en honor del amor, de la libertad, de lo que sea que en este momento no ha podido ser. Y esta canción que canta mi tristeza es una canción que comparto con todos los seres vivos que, viviendo en este mundo, inevitablemente se encuentran con la pérdida, el abandono, el desencuentro, la desdicha. Hay algo muy dulce en esta vulnerabilidad compartida, algo que me acerca a la esencia del ser humano. Vivir la tristeza desde ahí se convierte en la oportunidad de conectar con lo que me rodea de otra manera: el vuelo de un pájaro de repente se llena de significado, el gesto amable de un desconocido me nutre, mi voz se viste de dulzura, mis ojos se abren a ver la belleza de la vida de una manera más vivida y sentida.

Está claro que todo esto no niega las circunstancias y los estímulos que han dado lugar a la tristeza para empezar, y quizás hará falta tomar decisiones o pedir apoyo, pero vivir la tristeza con apertura y compasión me permite encontrar más libertad en seguir adelante, sin endurecerme y sin hundirme, recogiendo los regalos que me quiere ofrecer.

Si os interesa saber más sobre el trabajo que ofrezco a través de la Comunicación Noviolenta, el Mindfulness y el Focusing os invito a explorar esta pagina web. El próximo taller que ofrezco será el 2 Diciembre en Barcelona.

Os dejo con una poesia de Thich Nhath Han, el maestro Zen que vivó la guerra en Vietnam y que sigue siendo un referente para el compromiso de vivir desde la ternura del corazón.

La vida me ha dejado huellas en la frente

pero he vuelto a ser un niño esta mañana

la sonrisa, vista a través de hojas y flores

está de vuelta para suavizar las arrugas

mientras la lluvia limpia las huellas de la playa

nuevamente comienza un ciclo de nacimiento y muerte

Camino sobre espinas, pero con firmeza, como entre flores

Mantengo mi cabeza alta

rimas florecen entre el sonido de bombas y morteros

las lágrimas que derramé ayer se han convertido en lluvia.

Me siento tranquilo, oigo su sonido en el techo de paja.

La infancia, mi tierra de nacimiento, me está llamando

y las lluvias derriten mi desesperación.

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