Catalunya y España: un escenario para la práctica de la Noviolencia.

downloadNo he concebido esta página para hablar de política o actualidad, aunque sea algo que me interesa profundamente, y me ha asombrado la cantidad de artículos y opiniones que ya han circulado en estos días sobre la situación actual entre Catalunya y España. Por esta razón, no me había planteado escribir nada sobre el tema, siendo yo, además, ni Catalana ni Española.

Una conversación por teléfono con una amiga querida ha estimulado una serie de reflexiones que, al final, me atrevo a compartir, esperando traer una visión distinta y enriquecedora al panorama de ideas que se están dibujando. Me atrevo aún sabiendo que lo que escribo es limitado, necesitaría mucha más claridad, articulación, debate, conversación. Me atrevo pero sin pensar que lo que propongo aquí es una respuesta definitiva, completa y acabada. Más bien es un punto de partida, una invitación al encuentro, aunque virtual.

En nuestra conversación telefónica, esta amiga y yo, estábamos compartiendo nuestras dificultades en encontrar un lugar desde dónde posicionarnos frente a los acontecimientos de las últimas semanas y especialmente el domingo pasado, 1 de octubre de 2017.

Las dos vivimos en Catalunya sin ser Catalanas, y a la vez sintiendo una gran afinidad con este territorio, gente y cultura. Las dos compartimos un compromiso muy fuerte con los valores de la Comunicación Noviolenta, y desde este compromiso buscamos una llave de lectura para la situación actual.

Para empezar, posicionarse en una situación tan compleja como esta es una ambición que me parece incluso peligrosa. Peligrosa porqué, cuando todo se mueve y está vivo, mantenerme en un lugar fijo no me permite estar en contacto con todo lo que hay desde la frescura y la autenticidad. Me he dado cuenta de que no busco posicionarme sino moverme al ritmo de lo que encuentro en mi experiencia, querendo conectar profundamente con ello.

Esta es una decisión que me deja bastante aislada de todas aquellas personas que lo ven todo muy claro, por un lado y por el otro. Es una postura que fácilmente se interpreta como “relativismo”, como que todo da igual… y no; no todo da igual. También se interpreta como “pasividad”, ya que actuar desde un lugar móvil es mucho más complejo, y a la vez actuar es lo que busco.

Lo que entiendo del funcionamiento del ser humano me hace pensar que ahora mismo estamos todxs en un estado de activación límbica, o sea en modo: lucha, huida o parálisis, las 3 respuestas rápidas de nuestro sistema nervioso bajo estrés.

En nuestra vida cotidiana, actuar desde la activación límbica solo resulta útil cuando estamos lidiando con un peligro real e inminente. En casi todas las otras ocasiones es una modalidad de acción que nos lleva, después, a desear haber actuado de otra manera, con más consciencia.

La “consciencia” es un estado mental que requiere algo de práctica, esfuerzo y tiempo, no suele ocurrir muy fácilmente en momentos de estrés. Por esta razón, intentar responder a lo que está pasando desde la consciencia no es lo más fácil, especialmente cuando el ritmo de los acontecimientos es tan rápido.

Cuando digo que la situación es compleja no me refiero simplemete a la complejidad histórica o política, me refiero al hecho de que todo lo que se manifiesta a nivel colectivo es el producto de la interacción de muchos procesos individuales que se encuentran, activan, disparan, auto-regulan y retroalimentan. Cada unx trae al escenario colectivo todo aquello que es parte de sí: sus virtudes, limitaciones, creencias, experiencias previas, traumas, hábitos, puntos ciegos, etc.

Esto es un hecho que olvidamos cuando estamos en el ámbito político, pensando que el “ser político” mágicamente deja de ser humano.

Sabemos que el cerebro humano tiene cierta manera de funcionar. Por ejemplo: cuando alguna experiencia no encaja con lo que nuestro cerebro registra como “realidad” o lo que “debería ser”, de una manera automática e inconsicente, filtra o manipula esta experiencia para hacerla encajar con sus estándares preestablecidos. El cerebro quiere mantener estabilidad en nuestro organismo y actúa para cumplir con este propósito incluso a costa de la “verdad”.

El cerebro toma muchos atajos, especialmente cuando está bajo estrés: interpreta las cosas constantemente de la manera que más reafirma su propia “base de datos”, intenta ahorrar energía a través de hábitos, acciones y pensamientos automatizados e inconscientes. El cerebro también tiene la función “consciente” pero, como he dicho antes, esta requiere de algo más de esfuerzo, tiempo y, sobre todo, la capacidad de autoobservarse y ponerse en duda.

Ahora, autoobservarse y ponerse en duda no es precisamente lo que nos resulta más natural en, por ejemplo, una manifestación. Ahí más bien estamos en modo límbico: queremos pertenecer a la tribu, queremos actuar con rapidez, queremos mantener nuestra “versión de la realidad” para no tener que gastar tiempo y energía, queremos sobrevivir; y especialmente si hay algún presunto enemigo por ahí, no nos cortamos ni un segundo en atacar o huir. El poder de la colectividad es enorme en influenciar nuestra experiencia y requiere de un individuo muy trabajado para mantener el equilibrio entre el empuje de la masa y su propia brújula interna. Así funcionamos, según mi información, todos los seres humanos: catalanes, españoles, del PP de Podemos e incluso los anarquistas.

Otro factor que añade complejidad a la situación es nuestro contexto cultural. Todxs hemos sido criadxs en un paradigma cultural donde los conceptos de: “bueno/malo” “correcto/incorrecto”, “castigo/recompensa”, “tener la razón”, “merecer o no merecer” y mirar las cosas desde una perspectiva dualista de “o esto o lo otro”, imperan. Todos utilizamos estos conceptos para lidiar con los acontecimientos de la vida. Todos formamos nuestras opiniones sobre supuestos hechos que han sido interpretados por nuestro cerebro algo perezoso, todos queremos tener la razón, todos queremos que “el otro” reciba su merecido castigo, todos queremos pertenecer a nuestra tribu, incluso, a veces, a costa de nuestra autenticidad individual. ¡Tenemos mucho en común con nuestros enemigos!

Sin ser consciente de estos factores, lo que acabamos haciendo es jugar a un juego donde cada cual se considera “el bueno”, pero nunca ponemos en duda las reglas del juego en sí. Por esta razón, cuando intentamos mirar los acontecimientos de las últimas semanas desde la perspectiva de la Comunicación Noviolenta no encontramos un lugar cómodo en el cual situarnos. La CNV nos invita constantemente a cuestionar las reglas del juego, y si esto nos cuesta mucho en nuestras vidas privadas, en el ámbito social es un desafío magistral. Así nos vemos tachadxs de ser “relativistas”, “traidorxs”, “pasotas”, “sin huevos”, “come flores” y alguna cosa más. Parece que nuestro intento de ser coherentes con una visión de respeto, inclusión, tolerancia, solidaridad y empatía nos aleja de nuestras familias y amigxs, todoxs lxs que ya han tomado su posición en un bando u otro. Parece que nuestro mensaje no cabe en una pancarta, no se resume en un tweet, no hace gracia a nadie. Parece ser que nuestro afán de encontrar un camino consciente más allá de las posturas oficiales no sirve de mucho. El ámbito político no es el escenario en el que estamos acostrumbradxs a entablar conversaciones sobre la consciencia, el trauma, la integración de nuestros impulsos límbicos con los valores y visiones del neo cortex. Aún así la política no es otra cosa que cómo organizamos nuestras relaciones humanas y mientras tengamos un sistema nervioso, ello subyacerá en nuestra organización social,  lo queramos o no.

Entender el sistema nervioso me es sumamente útil cuando me observo mientras miro los interminables whattsapps, tweets, vídeos, artículos, etc. que me bombardean cada día. Me descubro queriendo castigar a los policías, insultar a los políticos, saltarme ciertos detalles, no hacerme ciertas preguntas, juntarme al coro colectivo, defenderme de los ataques, rebozarme en mi propia convicción, juntar evidencia para cargarme al enemigo, firmar peticiones que piden castigos y un largo etcetera. Todo esto mientras soy conciente de que habrá otra persona como yo que está haciendo exactamente lo mismo desde el otro lado. Luego, en algún momento, escucho una voz muy tierna dentro de mí que me dice algo como: “¿Esto es el juego de siempre, no? ¿No querías algo diferente?” y ahí empiezan los problemas.

¿Cómo puedo defender los valores de respeto, tolerancia, inclusión… sin faltar al respeto al enemigo? ¿Cómo puedo tomar posición para proteger lo que me parece vulnerable sin agredir? ¿Cómo puedo hablar claramente de lo que para mí es injusto sin tachar el enemigo de monstruo?¿Cómo puedo establecer límites claros a la violencia, el abuso, la opresión… sin encerrarme en el papel de “buena” y ver el otro como “malo”? ¿Cómo puedo seguir buscando una conexión con el otro sin por esto legitimar, justificar, aceptar sus acciones? ¿Cómo puedo formular propuestas que tengan en cuenta las necesidades de todxs y que no acaben siendo imposiciones? ¿Cómo puedo seguir cuestionando mis posiciones, ideas y opiniones sin caer en la lógica del “ganar/perder”? ¿Cómo puedo mantenerme flexible y abierta frente a lo que me indigna y me da ganas de usar la violencia? ¿Cómo puedo honrar mi dolor sin caer en “buenismos” o venganzas? ¿Cómo puedo estar presente e implicada en el contexto social sin perder de vista mi autenticidad?

Si lo que quiero es un cambio social de verdad y no solo un cambio de bandera, estas preguntas me acompañan como estrellas silenciosas en una noche que se perfila bien larga. Os invito a acompañarme, si os apetece, para que desde estas preguntas puedan nacer respuestas colectivas, prácticas y caminos a recorrer juntxs.

4 thoughts on “Catalunya y España: un escenario para la práctica de la Noviolencia.”

  1. Muchas gracias, son realmente importante este tipo de aportaciones y reflexiones en este momento, somos muchos los que nos sentimos igual pero no hemos encontrado todavía el canal para dar fuerza a esta energía de forma constructiva.

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      1. Mi más sincera y sentida enhorabuena por tan acertada reflexión. Aportar luz en tal escenario de crispación y desencuentro con esas últimas preguntas: Cómo puedo mantenerme flexible y abierta frente a lo que me indigna y me da ganas de usar la violencia? ¿Cómo puedo honrar mi dolor sin caer en “buenismos” o venganzas? ¿Cómo puedo estar presente e implicada en el contexto social sin perder de vista mi autenticidad?… No muestran sino una actitud positiva, abierta, dispuesta, que requiere una buena dosis de coraje y objetividad. En resumidas cuentas un gran regalo para cada uno y para el colectivo social que nos sentimos sumidxs en tal realidad. Eskerrikasko ANAITATS, créeme que en Euskal Herria hemos sido testigos de esta y más cruentas reyertas, también hemos llegado a ésto que hoy tan amenamente nos ofreces desde el corazón. Una lección a acoger con agradecimiento y humildad. Actitud, desde el conocimiento, autoanálisis, paciencia, esperanza…

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